De alguna manera supe, antes que los relojes biológicos, que llegarías a mi vida sin pedirme permiso. Con cierto recelo abrí mi vientre a tu vida, con miles de dudas en mi cabeza y al lado de un compañero, dueño de esa semilla, que al poco tiempo se convirtió en eterna ausencia.
Finalmente lo acepté. Acepté tu vida en mi vida porque al fin y al cabo los hijos nacen o no nacen por decisión femenina. Yo decidí, con la ayuda de Dios, que tu siguieras viviendo dentro de mi. Decidí cuidarte y asumirte, pese a todas esas dudas que entonces me asaltaron y que ahora con mucho dolor, se convierten en una terrible realidad...
No es que reniegue de ti, ni de mi decisión de ser madre. ES que uno nunca entiende el desamor ni mucho menos el odio.
Hoy, cuando ya cuentas con 19 años, es cruel reconocer tu odio hacia mi, es triste, mucho más triste, comprender que todas las pruebas pasadas, las que vivimos juntas y las que no, hoy no valen de nada...
Tu odio me ha enfermado, es verdad, tus palabras crueles hacia mi me han lacerado y han provocado en mi heridas que tal vez nunca cierren.
Acaso no supe protegerte de ti misma. Acaso me equivoqué en los valores que traté de inculcarte. Los padres no sabemos nada. Nadie sabe nada de hijos. Es difícil saber por qué lloran cuando están pequeños, es difícil encontrar la solución cuando al fin sabes por qué lloraban. Es difícil después descubrir si la solución que encontraste detuvo tu llando porque fue certera o porque no la entendiste...Y aún es más difícil descubrir que aquella solución que creiste encontrar no era la que tu esperabas...En fin, todo es difícil cuando se trata de los hijos...
En este momento es imposible para mi escribir esto y no sentir deseos de llorar, de morirme también, ¿porqué no?. Exckuida de tu vida completamente s{olo quedan en esta casa trastos tuyos, ropa que alguna vez escogimos juntas, fotos viejas de viajes y encuentros que te has empeñado en voltear, para borrar todo vestigio que te recuerde de dónde vienes...¡Cómo duele el odio de los hijos!

L Y L