En estos días vino a Caracas un fotógrafo norteamericano que anda por esos mundos fotografiando a la gente en cueros. Juro por Dios que si me hubiese enterado antes yo también me habría "atrevido" a quitarme ropas y ataduras para posar ante el lente de Tunnick...

Fueron más de mil caraqueños los que se mostraron como vinieron al mundo y cuentan que se sintieron como nunca, libres y felices, sin pudores ni complejos. Es bonito desnudarse así: digo, quitarte la ropa ante el día, y que muchos desconocidos te miren y que tu no descubras en sus miradas sombra alguna de reproche, burla, deseo o lujuria. Simplemente la mirada solidaria del que anda en lo mismo que tu. Así me contaron que fue y el fotógrafo dice que Venezuela es un país "impredescible". Estoy de acuerdo con él. Un país hermoso, loco y lleno de gente bella...

Nunca pensé que aquí en Caracas ocurriera algo así. En medio de los vapuleos políticos y económicos, que salgan 1.700 almas sólo con su piel como vestimenta a rendirle tributo al mismísimo Simón Bolívar (porque el sitio escogido fue a los pies de una gran estatua de El Libertador, en pleno centro de Caracas), fue algo gratificante, diferente...Cuerpos globalizados de todos los calibres, colores y texturas...Qué viva el cuerpo, carajo!!!! sinuoso, rollizo, blanco, negro y amarillo. El cuerpo sin género ni identidad. ¡Qué maravilla! y que lástima habérmelo perdido...